Las empresas se enfrentan a la España del desgobierno

internacional para referirse a la situación económica en España. Traducción (no literal): «vamos a esperar a ver cómo avanza el país para tomar nuestras decisiones». No son ni uno ni dos los representantes de compañías atentos a lo que pueda salir de las urnas el próximo 10 de noviembre. De esta repetición electoral dependerá buena parte de su futuro a corto plazo ante un panorama cuanto menos adverso. O, al menos, más adverso que en tiempos recientes.

Los datos de percepción de la empresa española dicen que la confianza se está hundiendo; tanto en términos de empleo, inversión, facturación… Todo camina a la baja, empujados por unos datos macro que no cesan de ser revisados por distintos organismos. El consenso de analistas sitúa el crecimiento del PIB y el mercado laboral en torno al 2% o menos para 2019 y entre el 1,5% y el 1,6% de cara al año siguiente.

Por partes. Seis de cada diez empresarios cree que habrá un crecimiento frágil de la actividad sin creación neta de empleo, mientras que el año pasado tan solo lo pensaban cuatro de cada decena. Esa es una de las tantas conclusiones a las que se llega al analizar una reciente encuesta de coyuntura económica y empresarial publicada por el Instituto de la Empresa Familiar (IEF) en su XXII Congreso Anual, celebrado en Murcia. Así las cosas, la gran empresa familiar -que supone más del 80% del total de compañías en España y genera más de seis millones de empleos- le otorga un 5,33 de puntuación a la situación económica. El año pasado el dato se quedó en 5,48 y en 2017, en 6,22 puntos. Apenas el 1% de los encuestados cree que nuestro país avanzará con ritmo decidido tanto en términos de crecimiento como de puestos de trabajo. En la misma línea, se han más que duplicado los empresarios que creen que se reducirá su facturación (19%) y se verán obligados a acometer despidos en 2020 (16%). Todo ello unido a que el 27% ya considera que no podrá aumentar inversión, lo que supone siete puntos más que un año antes.

Nadia Calviño, ministra de Economía, y María Jesús Montero, ministra de Hacienda, destacaron que España no tiene motivos para preocuparse, pese a los datos. De hecho, ésta última dijo ante los periodistas: «Vamos en la buena senda»

La razón en esta desconfianza tiene un «culpable» claro. La gobernabilidad se sitúa como el principal desafío nacional, según la encuesta, seguida de la necesidad de acometer reformas estructurales, el desempleo y la demografía. Bajo este panorama, llamó la atención en Murcia que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en funciones, diera plantón a este Congreso en una situación de desconfianza. En público fue el presidente del IEF, Francisco Riberas, quien evidenció el hartazgo de los empresarios: «Hay que tomar decisiones muy importantes, y para eso es imprescindible un Gobierno estable». Dardo a los políticos que nos han llevado a las cuartas elecciones en cuatro años. Y puso el foco en Cataluña por la oleada de violencia de los radicales independentistas: «Es preciso recuperar la normalidad lo antes posible, ya que es muy peligroso proyectar esta imagen ante clientes e inversores internacionales por más tiempo».

En privado, buena parte de los empresarios comentaron la situación política y la decisión de Sánchez de abandonarles a apenas 48 horas de su intervención. Según ha podido corroborar ABC, la preocupación en el seno de estas compañías no es tanto el auge de partidos políticos concretos sino que continúe el bloqueo durante más años. Quieren decisiones, reformas estructurales, y las quieren ya.

Efectos adversos
«La desaceleración económica afecta a la actividad empresarial, dado que ante una menor demanda global e interna, las empresas producen y venden menos y reducen el ritmo de creación de empleo. Y esto se manifiesta en las previsiones económicas», reconocen desde CEOE. La patronal, de hecho, dio a conocer recientemente una suerte de exigencias empresariales de cara a las nuevas elecciones. Presión, en suma, para que España no se pare todavía más. «No se puede bajar la guardia ni caer en la autocomplacencia. Todavía persisten muchos problemas que hay que resolver, tanto desde el punto de vista político (estabilidad) como desde el punto de vista económico (alta tasa de desempleo, nivel muy elevado de endeudamiento público) que nos pueden pasar factura si el ciclo empeora sustancialmente o se producen turbulencias en los mercados internacionales», reconocen en CEOE. Aun así, la situación es de calma tensa y una preocupación moderada. Nuestro país no está -hoy día- en crisis… pero nada se descarta. El mercado laboral es el principal síntoma: según la última EPA -del tercer trimestre-, el empleo creció al peor ritmo desde 2012, con 69.400 ocupados más y solo 16.200 personas menos en paro. Estas cifras resultan mucho más alarmantes si se desestacionalizan, es decir, si se elimina el efecto positivo del verano, cuando teóricamente se dispara la contratación. De junio a septiembre es el segundo trimestre consecutivo de aumento del paro en esos términos. Concretamente, un 1,72%, mientras que el periodo anterior el alza ya fue del 0,74%. Esto no ocurría desde hace más de seis años. Previsiblemente, en la próxima EPA ya veremos aumento del paro en todos los sentidos.

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«La falta de confianza y peores expectativas se traducen en menor inversión, generación y estabilidad del empleo, y beneficios empresariales a la baja. Un contexto que condicionará negativamente, si no se reducen los niveles de incertidumbre y se mantiene el deterioro de la coyuntura económica, la capacidad de crecer, de innovar y de desapalancamiento de las empresas españolas», dice Alicia Coronil, directora de Economía del Círculo de Empresarios. Por sectores, esta experta tiene claro que serán los sectores industriales donde tenga más peso la inversión, como los de bienes de consumo duradero, los que más sufran este panorama. «Las empresas más internacionalizadas están menos expuestas», reconoce.

Las empresas que creen que tendrán que despedir trabajadores se han más que duplicado en un año

La desaceleración, en el escenario actual de frenazo del comercio, tensiones arancelarias, incertidumbre del Brexit, parón político, etc., es una realidad, pero la percepción va por barrios. Hay quienes ven el vaso vacío y el vaso medio lleno. Los empresarios y expertos, tal como ha constatado ABC, tienden a una visión más tremendista -CEOE ahora ha contenido su alarma, hasta el punto de señalar que «España también tiene fortalezas»-; en cambio, desde el Ejecutivo -que ya ha entrado en modo campaña electoral- apenas ven problemas. Nadia Calviño, ministra de Economía, y María Jesús Montero, ministra de Hacienda, así lo evidenciaron durante sus discursos ante la empresa familiar. Es más, esta última dijo ante los periodistas: «Vamos en la buena senda».

El problema es que los datos de empleo desmienten ese optimismo, y los de PIB más de lo mismo. Pese a ello, en este último aspecto se ha dado una tregua. Según publicó el jueves el INE, el crecimiento en el tercer trimestre fue del 0,43% intertrimestral, frente al 0,4% del periodo anterior. En términos interanuales se mantuvo el suelo psicológico del 2%. Todo por la demanda interna, que sumó 1,8 puntos al PIB, mientras que la externa apuntó solo 0,2 puntos. Esto lo que muestra es que la desaceleración se hace patente; la diferencia está en la alarma a futuro.

Reglas previsibles
Ramón Pueyo, socio responsable de Empresa Familiar de KPMG en España, así lo evidencia: «La incertidumbre es inherente a la actividad del empresario, que tiene que tomar decisiones cuyo acierto o desacierto es conocido en el futuro. No obstante, aunque el futuro es incierto, los empresarios necesitan reglas de juego previsibles y claras. Necesitan saber que dado que el futuro es imprevisible, por lo menos las reglas que fijan su actividad no lo sean. La inestabilidad política, regulatoria e internacional añaden incertidumbre, lo que puede tener como resultado el retraso de decisiones de inversión o crecimiento con el consiguiente impacto sobre el empleo y el bienestar». Una manera muy distinta de analizar el panorama económico, en comparación a la ministra Montero. Ésta última, ante el IEF, disparó balones fuera cargando contra quienes alertan de los problemas de España y organismos que vienen revisando sus previsiones. Indirectamente, atacó a Banco de España, Funcas, BBVA, OCDE, FMI… y un sinfín más de organizaciones que estos meses han tirado abajo su previsión de crecimiento.

En la misma línea, Fernando Fernández, profesor de Economía de IE University, avisa de que se ha producido un cambio en la percepción de la economía desde verano. No significa que septiembre lo haya cambiado todo; solo que la percepción, tras las vacaciones, es distinta. A ello obedece especialmente el deterioro de la situación política y el tema de Cataluña, que añade incertidumbre y preocupación internacional. «El tema catalán ha hecho mucho daño a la imagen internacional de España», reconoce este experto. Y prosigue: «La situación allí no tiene visos de mejorar a corto plazo. Y eso es malo porque las decisiones de inversión se van a otros sitios, lo que tiene un coste económico. Además, las inversiones que se dejan de hacer en Cataluña no necesariamente se dirigen al resto de España». Éste pone más el foco en la preocupación del empresario extranjero que del nacional.

Apenas quedan siete días para volver a votar y la alarma crece. Los avisos van en aumento, sin entrar por ahora en pánico. El problema, dicen las fuentes consultadas, radicará en lo que ocurra tras el 10-N. Hasta ahora el temporal no ha hundido el barco español, pero habrá que ver si la tormenta económica se convierte en huracán.

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