Mafias chinas y marroquíes controlan el negocio de los peristas: delincuentes millonarios pero impunes

Son la cúspide del entramado criminal del robo con fuerza. Una suerte de sociedad anónima delictiva que llena sus bolsillos a costa de los golpes a la carta que encargan a grupos de aluniceros y butroneros. Conforman la «cara oculta» de esa luna nueva, se pierden entre las brumas de los resquicios legales y, pese a amasar millones de euros de manera ilícita, son prácticamente impunes. Se trata de los receptadores o peristas, buena parte de ellos chinos y marroquíes, que colocan la mercancía en sus países antes casi de que se tenga noticia del propio robo.

La bautizada como Bellota, el pasado año, fue la primera gran operación contra estos titiriteros del lumpen y la piedra de toque sobre su capacidad para librarse del castigo penal. La Policía Nacional arrestó a siete de estos individuos y practicó ocho registros domiciliarios en El Álamo y nueve inspecciones en establecimientos de esa misma localidad, así como en Navalcarnero, Arroyomolinos, Móstoles, Humanes y el municipio toledano de Casarrubios del Monte. Acumulaban material de seis robos valorados en un millón de euros. Los agentes de la UDEV Central se apoderaron, además, de 24.000 euros en efectivo, una pistola y dos escopetas.

«Trabajaban», sobre todo, quesos, embutidos y jamones ibéricos, hasta 900 unidades. Su momento de mayor actividad fue, de hecho, las navidades. Pero también «hacían» electrodomésticos, cosméticos, ropa y licores. Pues bien, al cabo de una semana, el juez archivó el caso. A la calle. «Es muy complicado ir contra los peristas. Da la sensación de que no es delito lo que cometen, pese al quebranto económico que significan. La pena por receptación es muy baja, de seis meses a dos años», explica un experimentado agente.

«Es una pata muy complicada para llegar a ella, a no ser que se les pille in fraganti. Porque, el mismo día que se roba, el material llega al receptador. Además, quienes pagan una carga no la tocan, son en realidad intermediarios. El que encarga el golpe no se sabe realmente quién es, nunca se llega a él», añade. Los grandes robos a camiones de tabaco, de teléfonos móviles e incluso de productos alimenticios son a la carta: «Nadie va a asaltar un tráiler sin tener a quién vender esa mercancía. Muchos son empresarios de tiendas de segunda mano. Un ejemplo son las partidas de aires acondicionados que se sustraen. Se han robado 300 aparatos en Coslada y no se ha podido meter en la cárcel a quienes lo ordenaron», explican en la Policía, y ponen de ejemplo a bandas como la del famoso «Niño Juan»: «Los que hacen el encargo tienen contactos en ese submundo. Saben a quién tienen que recurrir. Y esa persona, a su vez, subcontrata a gente de su propia banda o busca a otros delincuentes, especializados en el manejo de la lanza térmica o en la conducción rápida de coches».

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Otro gran problema es la rapidez con la que «desaparece» del mapa todo lo que se «afana». «Por ejemplo, los jamones se colocan muy rápido. El receptador paga a la banda entre un 20% y un 25% de lo que cuesta un cargamento de móviles. Se llevan 100.000 euros en terminales, les pagan 20.000 euros a los ladrones y luego revenden a 300-500 teléfonos que en el mercado legal cuestan 1.000 euros. Ese tipo de tecnología acaba en China y Marruecos, porque muchos peristas, más allá de los intermediarios que pueda haber en España, hacen el encargo desde allí», añade otro agente.

Los golpes se encargan a aluniceros y butroneros, sobre todo en Navidad

El clan de los Montaño

Sin embargo, continúa habiendo receptadores españoles. Uno de los clanes más fuertes, explica la Policía, es el de los Montaño. Hace un mes, detuvieron a 19 personas por robar y revender la carga de 16 camiones, valorada en 1,5 millones de euros. Esta mafia reside en el Pozo del Tío Raimundo, en Vallecas. Los investigadores los sitúan como los más importantes del país.

Entre sus miembros está uno apodado como Johny, español de 40 años. También un rumano, Stefan, de 44. Eran capaces de deshacerse en 24 horas de las existencias a través de otra red de peristas de segundo y tercer nivel. Una estructura piramidal perfectamente organizada. Los golpes los cometieron en Madrid, pero también en Valencia y Tarragona, Toledo y Guadalajara. Le daban a todo: desde aspiradoras y cafeteras a güisqui y calzado de lujo. Por cada robo a un camión sacaban entre 60.000 y 100.000 euros. En la investigación han participado nada menos que 150 agentes de distintas unidades, con el apoyo de los Mossos d’Esquadra.

La reciente detención de Samuel Escudero de la Rosa, de 26 años y conocido como «Samuelillo», hace sospechar que la banda del que fuera lugarteniente del conocido criminal Gregorio Sánchez Rodríguez, el «Goyito» (actualmente, en prisión), también obedecía órdenes de arriba. Que trabajaban por encargo de empresarios a los que probablemente nunca se podrá identificar. Hacía de las suyas con otros viejos conocidos de la Policía, Lisardo García García, de 28 años, y Damián Ruiz González, de 38. En la operación Frutal también cayó la facción toledana del grupo, conformada por José y Óscar Villar Benito, conocidos como los «Hermanos Marrones» y residentes en la urbanizacón Calypo Fado. Asaltaban camiones y también arramplaron, a mazazos, con la tienda Apple de la calle de Jorge Juan, 57. Acumulaban 44 reseñas policiales. El juez los ha dejado en la calle. De sus jefes, ni rastro. «Y, aunque lo hubiera, ningún juzgado actuaría contra ellos. Probablemente, ya hayan vuelto a las andadas, los unos y los otros», remacha un investigador.

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