«Tranquila, Ana, no vas a ir a la cárcel», se jaleó la acusada a sí misma antes de trasladar el cadáver

«Tranquila, Ana, no vas a ir a la cárcel», se animó la acusada de matar a Gabriel a sí misma el día 11 de marzo de 2018 poco antes de desenterrar el cadáver del niño. Así figura en la grabación de su coche, según ha contado a la Sala el instructor de las diligencias, teniente de la Guardia Civil de Almería. El testigo ha detallado los momentos más importantes de la investigación y ha sido prolijo en detalles. «Pensamos que se iba a deshacer del cuerpo lanzándolo al mar», ha asegurado al explicar el itinerario errático que llevó a Ana Julia desde la finca de Rodalquilar hasta el piso que compartía con Ángel Cruz en Vícar, donde fue detenida.

Sobre ese momento, como informó ABC, Ana Julia dijo al agente que le ordenó que abriera el maletero que ahí solo llevaba «un perro» hasta que se descubrió el cuerpecito sin vida del niño. Más tarde durante el registro hallaron cocaína sobre la mesita de noche del dormitorio en ese mismo piso, y en un dispositivo electrónico de la acusada encontraron un enlace a un vídeo sobre las diez plantas más venenosas.

El teniente ha relatado varios momentos importantes de la búsqueda y la investigación. Según él, cuando recomendaron a los padres de Gabriel que no subieran la recompensa de diez mil a treinta mil euros porque llamaría mucha gente por dinero, Ana Julia se sintió contrariada. Era ella la que los atendía casi siempre al teléfono cuando llamaban a Ángel y eso le permitió anticiparse a los pasos de los investigadores. «Se ponía la tirita antes de la herida, decía: vais a encontrar ADN del niño en el coche porque se ha subido en él, por ejemplo». Luego, trató de dirigir las pesquisas contra su expareja Sergio Melguizo.

A partir del hallazgo de la camiseta, el 3 de marzo, todas las sospechas se centran en Ana Julia. La repercusión mediática del caso les complicó la vida: «Tuvimos que abortar varios dispositivos porque la seguíamos a ella y salían tres coches de periodistas detrás de ella. No podemos seguirla, nos decían los compañeros».

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La fiscal ha querido saber por qué no registraron la finca de Rodalquilar. El teniente ha replicado que los familiares estaban allí, habían dormido allí, incluso, y «nosotros buscábamos a un niño vivo. Pensamos que era un rapto y que el niño estaba vivo». Según él, lo que hablaba Ana Julia por teléfono apuntaba en ese sentido. Otra muestra de que trataba de engañarlos.

El 98 por ciento de los días de búsqueda, Ana Julia fue a la finca. «Iba allí porque tenía enterrado al niño, de forma temporal. Lo que ella quería era verificar que ningún jabalí o conejo hubiera escarbado la tumba. Tardaba diez minutos, lo que tarda en verificar que todo seguía igual». Esos días, dijo el teniente, llovió «lo que nunca había llovido en Almería».

El 4 de marzo, Patricia después de lo de la recompensa y de que hubiera aparecido la camiseta de Gabriel manifiesta sospechas hacia Ana Julia. «Le dijimos que con meras sospechas no podíamos hacer nada y que estaba pasando por una situación traumática» que la condicionaba.

El testigo insistió en que la tumba de Gabriel era temporal. Por eso era «una fosa muy pequeña, para estar enterrado dos, tres o cuatro días, lo que no esperaba es que se organizara un dispositivo de búsqueda como ese y ese impacto mediático. Eso retrasó la idea que tendría ella de tener ese cuerpo allí. No cabía». A juicio de la Guardia Civil quería llevarlo a un sitio seguro. Su último plan se truncó el día 11. Ese día, un miniejército de verde cercaba a Ana Julia, con sus ojos, sus oídos y sus pasos.

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